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jueves, 26 noviembre 2015
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DENISE RATINOFF: "EL ARTE ES UNA RAZÓN DE VIDA"

Para la encargada regional de la casa Christie’s, el arte no solo hace más felices a las personas, sino que les enriquece el alma. Así mira esta apasionada y entusiasta martillera el mundo que la rodea.

Por: Oscar Sepúlveda/ Fotos: Bárbara San Martín

Denise Ratinoff de Lira, senior Vice President y representante regional de Christie’s en Chile, Perú y Ecuador, vive rodeada de arte en un precioso departamento del barrio El Golf de Santiago. Toda su vida la ha pasado cerca de cuadros, libros, música... Y estudió en la Alianza Francesa, donde se estimula bastante el amor por la cultura. Desde niña visitaba museos, tenía clases de ballet, iba a conciertos.

Hasta que a los 18 años conoció a un artista que marcó su vida: Mario Carreño. “Ahí entendí realmente lo que era un maestro”, explica. “Él no hubiera podido hacer otra cosa. Es la vocación lo que lleva a un ser humano actuar con pasión, desarrollar sus talentos y ser reconocido por sus pares”.

Fue precisamente ese pintor cubano-chileno, junto con el escritor y pintor Adolfo Couve, quien la impulsó a aceptar hace ya 21 años la representación de Christie’s, cuando ella todavía trabajaba como arsenalera junto a su marido, el destacado cirujano Exequiel Lira del Campo. Durante las operaciones, estaba al lado de él y dice que ahí también estaba cerca del arte: del arte de sanar, con ética, principios y valores. Por algo a él le decían “el médico de los pobres”, subraya orgullosa.

Denise Ratinoff, quien acaba de ser invitada a la Universidad de Columbia a dar una conferencia sobre mercado del arte y negociación, explica que el éxito de su trabajo en Christie’s se basa en dos pilares: la credibilidad y la intuición. Por lo tanto, no solo aplica las capacidades histriónicas entrenadas en las clases de teatro, sicología, liderazgo o fonoaudiología que les hacen a todos los martilleros, sino que también ella trata de ponerse en el lugar de los demás, empatizar. “Yo tengo que tener la capacidad de interpretar el alma de esas personas y su raciocinio”, indica.

–¿Hay ética en este oficio?

–Por supuesto. Eso es básico. Si uno no vive la vida de acuerdo a sus principios, no vale nada.

–Un martillero debe enfrentar un conflicto ético cuando considera que un cuadro no vale tanto: ¿hasta dónde estirar el chicle para seguir subiendo el precio?

–Los precios de base que ponemos en las subastas de Christie’s son los valores que se han pagado en la última subasta, facturados. Son subastas públicas. Todo el mundo está presente, todo queda grabado. Entonces, el próximo valor no es caprichoso. En la última subasta de arte contemporáneo que hicimos, algunas cosas triplicaban los valores. Primero, porque hay una fuerte demanda y una escasa oferta. ¿Por qué? Porque la gente paga muy bien, pero cosas de buena calidad, y nosotros apuntamos a ese segmento.

–¿Qué técnicas propias del oficio de martillera se han traspasado a tu vida?

–Me he especializado en subastas de beneficencia. Tuve el privilegio de subastar parte del castillo de Bendinat en Palma de Mallorca, por ejemplo, donde aprendí lo que es defender el patrimonio. El mismo rey compraba. Y el Estado tenía derecho a tanteo. Antes de bajar el martillo, si uno veía que el representante del rey levantaba la paleta, el último valor comercial que estaba en la sala se debía adjudicar por obligación al Estado. Uno aprende múltiples cosas en esos remates.

–De la cadena del arte –pintor, dealer, galerista, crítico, marchand d’art, coleccionista–, ¿cuál es más gravitante?

–Son pasos diferentes. Las galerías, los dealers y los marchand d’art corresponden a mercado primario: se encargan de promover al artista en vías de consagración. Las casas de subastas somos mercado secundario. Vendemos a los consagrados. Hay un compromiso con el gestor, el marchand, el dealer y la galería. Ellos empujan para que el artista sea conocido, invierten en él. Luego, los coleccionistas piden a los artistas que han estado en ferias o bienales y que ya son consagrados en sus países. A mí me gusta mucho la parte académica y tengo mucha admiración por los curadores que quieren contribuir al desarrollo cultural de un país validando a sus artistas.

“Vengo llegando de una subasta en Bogotá, donde hay un interés a nivel de Estado por desarrollar la cultura. Allá, la Confederación del Comercio motiva e invita a los coleccionistas para que vayan a ARTBO, les ponen buenos hoteles, con programas, con paseos a distintas galerías.

“En Chile se están haciendo esfuerzos, pero todavía son pocos los artistas que pueden vivir de su profesión. Es muy frustrante contar solo con el Fondart. El talento debe tener más oportunidades para internacionalizarse”.

–Al verte rodeada de todas tus obras, se nota que gozas. ¿El arte sirve para hacer más feliz a la gente?

–Definitivamente. Pero yo más que en la felicidad, creo en momentos felices. Yo he tenido esa felicidad, porque tuve el privilegio de estar casada 35 años con un hombre que… (se emociona y hace una pausa para secar sus lágrimas). Han pasado ocho años de su partida y todavía me emociono. Él me aconsejaba: “Denise, yo siento que tú tienes una pasión tan grande por lo que haces, que debes aceptar esto de Christie’s”. Mi hijo Matías (Lira, cineasta, director de “El Bosque de Karadima”) tenía 18 años en esa época y me decía: “Mamá, el tata es americano. Tus dos hermanas viven en Estados Unidos. A Chile le hace falta una compañía de 300 años de existencia, que ponga a Chile en el mapa mundial a través de los artistas y que fiscalice los precios”.

Denise Ratinoff tiene tres hijos y todos son artistas visuales: Matías es director de cine, Denise es fotógrafa y Andrea, animadora audiovisual. Nueras y yernos, lo mismo. “Entonces, si Dios nos dio estas oportunidades, tenemos el deber moral de empujar la carreta y de hacerlo bien.

Los premios que ha recibido los toma con humildad, casi con vergüenza, dice, y se los dedica a su familia, a los artistas y a Christie’s, que le ha dado la oportunidad de desarrollar una veta que le encanta. Ella no concibe la vida sin energía, sin pasión, sin fuerza. De hecho, sus compañeros de trabajo en la casa de subastas le dicen “Duracell”.

–Si la gente entrara más a los museos, ¿sería más feliz?

–Definitivamente. Acabo de hacer un viaje muy lindo a Italia y vi una obra de Lucio Fontana. Se me cayeron las lágrimas, de alegría. El arte no solo te hace feliz, te enriquece el alma y es una razón de vida. Por algo Dubai lleva a los mejores arquitectos del mundo a construir museos en esas islas que no tienen historia. Ellos están arrendando al Louvre colecciones de arte egipcio en comodato por 90 años, para dar vida a esos lugares y poder atraer más gente.

–¿Es Chile hoy un buen mercado de arte?

–Creo que se ha ido creando la mentalidad del coleccionista. Esa fue una de las cosas que yo me propuse al entrar a Christie’s, junto con contribuir a recuperar el patrimonio e internacionalizar los artistas nacionales. Poco a poco, el público se ha ido interesando. E Internet hoy da la posibilidad a la gente de estar mucho más actualizada porque puede conocer lo que se está exhibiendo, en distintos museos del mundo.

ARTE, PRECIO Y VALOR

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–¿Qué hace que una obra de arte tenga un mayor valor en el mercado?

–Es una buena pregunta. Lo más importante es la procedencia de esa pieza: si pertenece a una colección privada, si es del artista o de un museo. Por ejemplo, “La Perla Peregrina”, de Elizabeth Taylor, nosotros la vendimos en 156 mil dólares. Si no hubiese sido de ella, jamás en la vida se habría vendido en ese precio. Podría costar 5 mil dólares. Una libretita de Marilyn Monroe que cuesta cinco dólares se vende en 18 mil dólares exclusivamente porque es de ella.

“También incide la rareza. De repente nos vendieron un sarcófago y adentro hay una momia. Eso le da otro valor. Y, por último, la moda. Si algo está de moda vale mucho más. Asimismo, la soberbia puede distorsionar un precio. Un japonés en los años 80 nos compró ‘El doctor Gachet’, de Van Gogh, en 85 millones de dólares. Y lo quería para ser enterrado con la obra. Por supuesto que los hijos no le hicieron caso. Ese es un valor que no le pondríamos hoy si reconsignáramos ese cuadro”.

–Acaba de rematarse “Nu couché”, de Modigliani, en 170 millones de dólares. Casi superó el récord de Picasso con “Les femmes d’Alger”. ¿Qué cuadros caros has rematado tú?

–En Estados Unidos he tenido records por Matta, Bravo, Carreño y Guayasamín. Hemos vendido por millones de dólares. Lamentablemente todas esas obras quedan fuera de Chile. Importarlas es muy difícil. Deben pagar 35 por ciento de impuestos. Un atentado al arte. Así no se puede pretender engrandecer el patrimonio cultural de un país.

–Y en Chile, ¿has tenido buenos remates?

–En este año, ya llevo 12, entre Colombia, Chile y otros países. En la subasta benéfica de Desafío Levantemos Chile vendimos por 700 millones de pesos. ¡Fue fantástico! Me emocionan los remates de beneficencia.

–¿Cuáles son los artistas mas cotizados en remates en Chile?

–Muchos, entre ellos, Alfredo Jaar, Dittborn, Gonzalo Díaz, Nury González, Toral, Lira, Opazo, Irrarrázaval, Carreño. Ahora tenemos en subasta en Nueva York a Voluspa Jarpa, una artista joven.

–En medio del clima depresivo que hay en Chile, pareciera que una de las pocas áreas que resplandece es el arte, ¿no te parece?

–Es verdad. Desde el gobierno de Lagos, Bachelet, Piñera y Bachelet de nuevo, han aumentado enormemente los montos destinados a los museos. Antes los presupuestos eran escuálidos.

“Reconozco que actualmente el ministro Ottone está haciendo un esfuerzo enorme por mejorar no solamente la calidad de vida de los artistas, sino que de los lugares que manejan, como el GAM, Centro Cultural La Moneda, el MAC, el Bellas Artes, el Parque Cultural de Valparaíso, que es extraordinario”.

–¿Cuál es el mejor museo o centro cultural?

–El Museo de la Solidaridad Salvador Allende, ¡lejos! Tiene obras muy importantes de Miró, Picasso, Pollock, Calder… ¡Uff!

–Esa sería una de las joyas artísticas que tenemos y que pocos disfrutan. ¿Qué otro tesoro hay en Chile?

–El Museo de Arte Precolombino, que dirige Carlitos Aldunate. Una joya.

–¿Cómo se vinculan para ti las palabras arte y lujo?

–Para mí, un lujo es la capacidad de apreciar la naturaleza. La naturaleza es arte e inspiración para los artistas. Ellos pueden descontextualizar lo que ven en la naturaleza. Pueden verlo de otra manera, como lo veía Matta, en una forma surrealista.

–En Chile hay más plata y se está comprando más arte. ¿Pero se compra por gusto o por esnobismo?

–Hay varias razones y que son respetables. Algunos compran con gran esfuerzo porque quieren tener algo único que va a ser parte de su vida. Otros persiguen obras por años de años. Hay quienes lo hacen por imagen corporativa y otros por diversificar su inversión.

–Ver el arte como una inversión le quita diversión, decía Charles Saatchi. Para él, en el mundo del arte suele no haber mucho sentido del arte.

–Interesante. Lo que pasa es que hay una tendencia de los artistas de reírse de ellos mismos y del mundo. El humor es muy importante.

–Si tuvieras que comparar Chile con una obra artística, ¿cuál se te viene a la mente? ¿Una de Picasso, de Boticcelli o de Basquiat, por ejemplo?

–¿Sabes con cuál obra lo compararía? Con esa… (Se para y va a buscar al living una pequeña escultura). Con esta obra de Lucio Fontana. Metálico, sólido, limpio. Una maravilla, pero que con un solo tajo, en un vacío descendente, muestra la carencia. Chile es un país de gente extraordinariamente pujante, peleadora. En estos últimos años estábamos llegando a la meta, éramos los jaguares, pero nos apuramos demasiado. En pocos años quisimos hacer lo que se hace en muchos.

“Para mí, es una pregunta lindísima esta que me has hecho, porque apunta al desafío que tenemos, que es recuperar la confianza. Y esta se recupera cuando hay líderes que marcan el camino. Hoy estamos en un vacío¡, pero vamos a estabilizarnos, porque en la vida todo es cíclico”. 

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